Disponibilidad comercial del cultivo de frijol

Disponibilidad comercial del cultivo de frijol

La disponibilidad comercial del cultivo de frijol responde a una ecuación delicada entre superficie sembrada, rendimientos y volatilidad climática, en la mayoría de países latinoamericanos más del 80 % de la producción se orienta al consumo nacional, pues el frijol es un pilar de la seguridad alimentaria y del aporte proteico rural, así, las exportaciones suelen concentrarse en nichos de alto valor, como frijol negro pulido o variedades alubia y navy bean, condicionadas por estándares estrictos de inocuidad y trazabilidad.

Esta orientación interna se explica por consumos per cápita elevados, que en México rondan los 8–9 kg/habitante/año, en Brasil 3–4 kg y en Centroamérica superan con frecuencia los 10 kg, por ello, los excedentes exportables son estructuralmente limitados, dependen de ciclos de buena pluviometría, acceso a semilla mejorada y manejo poscosecha que reduzca pérdidas, mientras tanto, la creciente demanda urbana impulsa cadenas de valor más integradas, con contratos de abastecimiento y esquemas de agricultura por contrato que priorizan estabilidad interna sobre expansión agresiva de mercados externos.

Ventanas de producción

La disponibilidad comercial del frijol en México está determinada por una combinación precisa de ciclos agrícolas, patrones de lluvia, capacidad de riego y estrategias de almacenamiento, más que por una producción uniforme durante el año. El resultado es un mercado profundamente estacional, donde las ventanas de producción definen precios, flujos de abasto y márgenes de rentabilidad para productores, acopiadores e industria. Entender estas ventanas exige mirar el calendario agrícola con detalle, diferenciando regiones, tipos de frijol y sistemas de producción.

Ciclos agrícolas y estacionalidad estructural

En términos generales, el frijol en México se organiza en tres grandes ciclos agrícolas: primavera-verano (PV), otoño-invierno (OI) y perennes o ciclos continuos bajo riego en zonas específicas. El ciclo PV, ligado a temporal de verano, concentra más del 70 % del volumen nacional, con siembras que inician desde finales de abril en el Bajío y el Altiplano bajo riego, y se extienden hasta julio en zonas de temporal de la región Centro-Norte y Altiplano semiárido. Este ciclo define la mayor parte de la oferta anual de frijol negro y pinto.

El ciclo OI, más restringido en superficie, se apoya casi por completo en riego y se ubica sobre todo en Noroeste, Bajío y algunas zonas del Centro, con siembras entre octubre y diciembre y cosechas de enero a abril. Aquí prevalecen materiales mejorados de frijol pinto y negro, orientados a mercados específicos y a la agroindustria, lo que genera una segunda gran ola de oferta, pero menor en volumen que la de PV.

Entre ambos ciclos se sitúan sistemas de producción continua bajo riego presurizado en zonas con clima benigno, como partes de Sinaloa, Sonora, Guanajuato y algunas áreas del Bajío, donde es posible escalonar siembras para abastecer nichos de mercado en momentos de escasez relativa. Sin embargo, estos sistemas representan una fracción pequeña del total nacional, por lo que la estacionalidad sigue siendo dominante en la disponibilidad comercial.

Esta estructura cíclica se traduce en un patrón claro: picos de oferta concentrados en lapsos cortos, seguidos de periodos de ajuste donde el mercado depende del inventario almacenado y de las importaciones, sobre todo de frijol pinto y negro provenientes de Estados Unidos y, en menor medida, de Canadá.

Ventanas de producción y calendario mensual

Si se observa el calendario mensual, la temporalidad del frijol en México se puede desglosar en ventanas relativamente definidas, moduladas por las diferencias agroclimáticas regionales. En el ciclo PV de temporal, la cosecha en el Altiplano, Centro-Norte y regiones semiáridas (Zacatecas, Durango, Chihuahua, San Luis Potosí) se concentra entre octubre y diciembre, con un máximo de flujo hacia los centros de acopio y mercados mayoristas entre la segunda quincena de octubre y finales de noviembre. En esos meses se libera al mercado la mayor parte del frijol pinto y negro de temporal, lo que presiona los precios a la baja.

En el ciclo PV bajo riego (Bajío, algunas zonas de Jalisco, Guanajuato, Querétaro), la siembra puede adelantarse a marzo-abril, con cosechas desde finales de agosto y septiembre, abriendo una ventana de oferta temprana que abastece sobre todo mercados regionales y contratos específicos con empacadoras. Esta producción temprana tiene un impacto moderado en el mercado nacional, pero es estratégica para quienes logran posicionarse antes del pico de cosecha de temporal.

El ciclo OI configura otra ventana clave, con cosechas que se extienden de enero a abril, particularmente en Sinaloa, Sonora, Baja California Sur y zonas con riego del Bajío y Centro. Aquí, el frijol entra al mercado cuando los inventarios del PV comienzan a reducirse, lo que permite capturar precios mejores, siempre que la oferta no se solape con excedentes almacenados de la cosecha anterior. En años de buena producción PV y manejo de inventarios, la ventana de OI se vuelve más competitiva y los márgenes se estrechan.

Entre mayo y septiembre se presenta la ventana de escasez relativa, cuando la oferta proviene principalmente de inventarios almacenados, pequeños remanentes de OI y producción escalonada bajo riego. Es en este periodo cuando la elasticidad de precios se incrementa, los mercados reaccionan con mayor sensibilidad a cualquier señal de desabasto y las importaciones se vuelven un componente crítico para estabilizar el abasto, sobre todo de frijol pinto y negro en centros urbanos.

Este calendario no es rígido, se desplaza con la variabilidad climática, los retrasos en el inicio de lluvias y las decisiones de siembra influenciadas por los precios del ciclo anterior. Sin embargo, la lógica general se mantiene: un gran pulso de oferta en el último trimestre del año, un segundo pulso moderado en el primer cuatrimestre y un periodo de tensión de abasto en el verano.

Diferenciación regional y por tipo de frijol

La disponibilidad comercial no solo depende del calendario, también de la diversidad varietal y de la geografía productiva. El frijol pinto, dominante en el Altiplano semiárido (Zacatecas, Durango, Chihuahua), muestra una ventana de producción fuertemente concentrada en octubre-noviembre, con escasa capacidad de escalonamiento por depender de temporal y ciclos definidos por las lluvias. El frijol negro, distribuido en regiones de clima más cálido y con mayor presencia de riego (Veracruz, Chiapas, Nayarit, Sinaloa, Campeche, Yucatán), presenta una ventana algo más amplia, con cosechas que pueden iniciar en septiembre y extenderse hasta enero, sobre todo cuando se combinan PV y OI.

El frijol bayo y flor de mayo/flor de junio, importantes en el Bajío y Centro, se insertan en ventanas más acotadas, con cosechas de PV en septiembre-octubre y de OI en febrero-marzo, orientadas tanto a consumo nacional como a nichos específicos, lo que genera dinámicas de precio menos volátiles pero con mayor sensibilidad a fallas locales de producción.

Las regiones con infraestructura de riego y acceso a tecnología (semilla certificada, mecanización, fertilización balanceada, manejo fitosanitario) tienen mayor capacidad de ajustar fechas de siembra para aprovechar huecos de mercado, por ejemplo, adelantando siembras de OI para entrar con producto en enero, cuando los inventarios del PV han disminuido, o retrasando ligeramente para coincidir con picos de demanda institucional. En contraste, las zonas de temporal quedan sujetas a la sincronía impuesta por las lluvias, de modo que su ventana de producción es más rígida y masiva, lo que las hace más vulnerables a caídas de precio en cosecha.

Esta diferenciación regional se vuelve aún más relevante bajo escenarios de variabilidad climática, donde retrasos en el inicio de lluvias o eventos extremos (sequías intraestacionales, heladas tempranas) pueden comprimir o desplazar las ventanas de producción, alterando el balance entre oferta nacional e importaciones.

Almacenamiento, importaciones y manejo de ventanas

Las ventanas de producción no se traducen de forma lineal en ventanas de disponibilidad comercial, porque el sistema se amortigua mediante almacenamiento, acopio estratégico e importaciones. En México, el frijol seco tiene una vida de anaquel prolongada si se almacena en condiciones adecuadas de humedad, temperatura y control de plagas, lo que permite desacoplar parcialmente el momento de la cosecha del momento de la venta.

Los grandes acopiadores y la agroindustria utilizan esta capacidad para comprar volúmenes significativos en cosecha, cuando los precios son más bajos, y liberar producto de forma escalonada durante los meses de escasez relativa, particularmente entre mayo y septiembre. Sin embargo, la calidad fisiológica del grano se degrada con el tiempo, lo que se refleja en mayor dureza al cocer y menor aceptación del consumidor, por lo que el almacenamiento prolongado tiene un límite práctico, sobre todo para mercados que exigen frijol de reciente cosecha.

Las importaciones, concentradas en frijol pinto y negro, se programan precisamente para cubrir los huecos entre ventanas nacionales y para estabilizar precios al consumidor, aunque al mismo tiempo pueden presionar a la baja los precios pagados al productor en ciclos de alta producción interna. En años de baja producción nacional, la ventana de importación se expande, ocupando una parte mayor del mercado durante casi todo el año, mientras que en años de buena cosecha PV y OI, las importaciones se desplazan hacia los meses de mayor escasez efectiva.

Esta interacción entre producción interna, almacenamiento e importaciones configura un sistema donde las ventanas de producción se convierten en ventanas de oportunidad económica. Productores con acceso a riego, información de mercado y capacidad de financiamiento pueden ajustar fechas de siembra y estrategias de venta para posicionarse en meses de mejores precios, mientras que productores de temporal dependen más de políticas de apoyo, esquemas de agricultura por contrato y mecanismos de cobertura de precios que amortigüen la concentración de oferta en pocas semanas.

La tendencia reciente hacia una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos y la variabilidad en la disponibilidad de agua de riego sugiere que estas ventanas serán cada vez más dinámicas, con desplazamientos interanuales que exigirán sistemas de información más finos, modelos de pronóstico agroclimático y esquemas de gestión de riesgo más sofisticados para mantener una disponibilidad comercial estable de frijol a lo largo del año en México.

Variación de precios

La disponibilidad comercial del frijol en México se mueve en un equilibrio inestable donde convergen ciclos biológicos, decisiones de política pública, preferencias del consumidor y, sobre todo, una relación dinámica entre oferta y demanda. El resultado visible de esa interacción es la variación de precios al productor, que en frijol suele ser más abrupta que en otros granos básicos, debido a la concentración regional de la producción, a la estacionalidad marcada de las cosechas y a la limitada capacidad de almacenamiento en manos de los agricultores.

Estructura de la oferta: concentración, estacionalidad y riesgo

La producción nacional se concentra en pocos estados, principalmente Zacatecas, Durango, Chihuahua, Sinaloa y Nayarit, que aportan de manera conjunta más del 60 % del volumen anual. Esta concentración hace que choques climáticos regionales, como sequías o heladas tempranas, provoquen reducciones súbitas en la oferta física disponible, amplificando la volatilidad de precios. En años de sequía severa en el altiplano, el mercado mayorista reacciona con incrementos de 20-40 % en cuestión de semanas, arrastrando al alza el precio al productor en las zonas con remanentes de cosecha.

La estacionalidad es igual de determinante, las cosechas de ciclo primavera-verano en temporal, que representan la mayor parte del frijol negro y bayo, llegan al mercado entre octubre y febrero, mientras que los ciclos otoño-invierno de riego en el noroeste abastecen sobre todo frijol pinto y azufrado entre marzo y junio. Esta alternancia genera ventanas de sobreoferta y relativa escasez, donde el precio al productor puede oscilar hasta 1,5-2,0 veces entre el pico de cosecha y la temporada de baja disponibilidad, dependiendo de la capacidad de acopio y del comportamiento de las importaciones.

La vulnerabilidad productiva se acentúa por la alta proporción de superficie de temporal (más del 70 % del área sembrada), expuesta a variaciones de precipitación cada vez más erráticas, asociadas a eventos de El Niño y La Niña. En años con lluvias bien distribuidas, la producción nacional puede acercarse o superar 1,3-1,4 t/ha en promedio, generando excedentes en ciertas regiones, mientras que en ciclos secos los rendimientos caen por debajo de 0,8 t/ha en temporal, reduciendo drásticamente la oferta y tensionando los precios al alza.

Demanda interna, sustitución y papel del consumidor

La demanda de frijol en México muestra una relativa estabilidad en términos de consumo per cápita, pero con cambios en la composición por tipo de grano y forma de presentación. El consumidor urbano, con mayor acceso a proteínas animales y alimentos procesados, tiende a reducir la frecuencia de consumo de frijol entero, sin embargo, la demanda se mantiene por su papel cultural y por su función como proteína vegetal de bajo costo en hogares de ingresos medios y bajos. Esta estabilidad de la demanda básica actúa como ancla, pero no impide fluctuaciones de precios cuando la oferta se contrae.

El frijol enfrenta una competencia creciente de otras fuentes de proteína vegetal, como soya texturizada y mezclas de cereales-leguminosas en productos industrializados, lo que introduce cierta elasticidad cruzada en la demanda, especialmente en segmentos urbanos. Cuando el precio del frijol al consumidor se incrementa de manera sostenida, parte de la demanda migra hacia sustitutos más baratos, lo que modera el aumento de precios al productor en el mediano plazo, aunque con rezago respecto al choque inicial de oferta.

En contraste, en zonas rurales y periurbanas la demanda es menos elástica, ya que el frijol forma parte de sistemas alimentarios tradicionales donde la posibilidad de sustitución es limitada, tanto por hábitos como por disponibilidad local. En estos contextos, los aumentos de precio al consumidor se trasladan con mayor fidelidad al productor, siempre que existan canales de comercialización cortos y competencia entre acopiadores, lo que no siempre ocurre, generando márgenes de intermediación amplios en momentos de escasez.

Mecánica de la variación de precios al productor

La relación entre oferta nacional, importaciones y existencias de inventario determina la disponibilidad comercial efectiva, que es la variable que finalmente presiona los precios en centrales de abasto y centros de acopio. Cuando la producción interna es alta y coincide con importaciones programadas a precios competitivos, el mercado se satura, sobre todo en frijol pinto y negro, y el precio al productor cae por debajo de los costos medios de producción en unidades de pequeña escala, obligando a liquidar cosechas rápidamente por falta de infraestructura de almacenamiento en frío o en seco con condiciones adecuadas.

En este escenario de sobreoferta, la curva de demanda se vuelve relativamente inelástica en el corto plazo, porque el consumo no puede expandirse al ritmo de la producción adicional, por lo que el ajuste recae casi por completo en el precio. La ausencia de mecanismos de retiro de excedentes y de esquemas de almacenamiento estratégico en manos de productores o cooperativas agrava la caída, ya que grandes compradores pueden retrasar compras a la espera de precios aún más bajos, reforzando la tendencia descendente.

En sentido inverso, cuando la producción nacional disminuye por eventos climáticos o reducciones de superficie sembrada, la presión sobre los precios al productor depende de la rapidez con que se ajustan las importaciones, en particular de Estados Unidos y Canadá, y de la calidad y tipo de frijol que demandan los consumidores. Si la escasez se concentra en variedades preferidas regionalmente, como frijol negro en el sureste, el precio puede dispararse localmente aun cuando existan volúmenes suficientes de otras variedades en el mercado nacional, porque la sustitución entre tipos de frijol no es perfecta desde la perspectiva del consumidor.

Los márgenes de intermediación juegan un papel silencioso pero determinante, en mercados con pocos compradores grandes y muchos productores dispersos, el aumento de precios al mayoreo no se traslada de forma proporcional al precio pagado en bodega rural, lo que genera una asimetría en la transmisión de precios: las caídas se trasladan rápido al productor, mientras que los incrementos se amortiguan o retrasan. Esta asimetría distorsiona las señales de mercado que deberían orientar las decisiones de siembra, provocando ciclos de sobreexpansión y contracción de área sembrada que amplifican la volatilidad interanual.

Políticas públicas, comercio exterior y expectativas

Los instrumentos de política pública, como precios de garantía, apoyos a la comercialización y aranceles a la importación, modifican la relación oferta-demanda percibida por los agentes del mercado. Un precio de garantía por encima del precio de equilibrio de mercado incentiva la siembra, especialmente en pequeños productores, lo que puede generar excedentes en ciclos con buenas lluvias, presionando a la baja los precios de mercado mientras el programa absorbe solo una fracción de la producción. Cuando el presupuesto público es insuficiente para adquirir todo el volumen elegible, el precio efectivo al productor termina siendo un promedio entre el precio de garantía y el precio deprimido de mercado.

Las decisiones sobre aranceles y cupos de importación influyen en la expectativa de precios futuros, tanto de productores como de comercializadores. Si los agentes anticipan una apertura de importaciones en respuesta a una mala cosecha nacional, moderan sus ofertas de compra al productor, previendo que el mercado se estabilizará con frijol importado a precios relativamente más bajos. Por el contrario, expectativas de restricciones a la importación pueden detonar compras especulativas y acopio privado, elevando el precio al productor por encima de lo que justificaría la escasez física inmediata.

La información oportuna es el hilo que conecta estos elementos, sistemas de monitoreo de precios, existencias y flujos comerciales permiten ajustar decisiones de siembra, almacenamiento y compra-venta, reduciendo la amplitud de las oscilaciones. Sin embargo, cuando la información es incompleta o llega con retraso a los productores, las decisiones se basan más en la memoria de precios pasados que en las condiciones reales del mercado, lo que conduce a ciclos de producción desfasados respecto a la demanda efectiva.

En este entramado, la variación de precios al productor refleja no solo la interacción inmediata entre oferta y demanda, sino también la estructura de mercado, la capacidad de gestión de riesgos, la infraestructura de almacenamiento y la calidad de la información disponible. El frijol, como cultivo emblemático, exhibe con claridad cómo pequeñas alteraciones en la oferta o en las expectativas pueden traducirse en cambios significativos en el ingreso rural, y cómo una gestión más sofisticada de la disponibilidad comercial puede atenuar esa volatilidad sin romper la lógica de mercado que sostiene la producción a largo plazo.

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