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  • Análisis de la producción de frijol en México durante 2023-2025

    Análisis de la producción de frijol en México durante 2023-2025

    La producción mexicana de frijol atravesó entre 2023 y 2025 una expansión extraordinaria. El volumen nacional pasó de 723.6 mil toneladas en 2023 a 996.4 mil en 2024 y alcanzó 1.368 millones de toneladas en 2025. Esto implica un crecimiento acumulado de 89.1% en apenas dos años. Sin embargo, la clave no estuvo solamente en sembrar más. La superficie sembrada aumentó 41.7% frente a 2023, mientras que la superficie cosechada prácticamente se duplicó, al crecer 100.5%. En 2023 quedaron sin cosechar cerca de 329.8 mil hectáreas, equivalentes a 30.2% de lo sembrado; en 2025 esa diferencia se redujo a solo 19.4 mil hectáreas, 1.3% de la superficie. Por ello, el salto productivo de 2025 refleja principalmente una utilización mucho más efectiva de la superficie disponible, acompañada por una recuperación del rendimiento después del deterioro observado en 2024.

    El segundo gran cambio fue geográfico. Sinaloa encabezó la producción en 2023, pero Zacatecas tomó el liderazgo en 2024 y lo amplió en 2025 hasta alcanzar 500.7 mil toneladas, 36.6% del total nacional. Al mismo tiempo, Durango pasó de 18.2 mil toneladas en 2023 a 157.8 mil en 2025 y se colocó como tercer productor, mientras San Luis Potosí y Chihuahua también ganaron peso. Esta expansión elevó la concentración territorial: los tres principales estados representaban 53.7% de la producción en 2023 y 64.4% en 2025. El crecimiento se apoyó especialmente en el ciclo primavera-verano y en la modalidad de temporal, pero el riego siguió mostrando una productividad muy superior. El reto económico aparece en los precios: pese al récord de volumen, el precio promedio nacional cayó a 17,213 pesos por tonelada en 2025, de modo que el valor de la producción aumentó menos que el volumen.

    Evolución de la producción nacional

    La trayectoria nacional muestra dos años consecutivos de fuerte crecimiento, ambos cercanos a 37%. La producción aumentó 37.7% en 2024 y otro 37.3% en 2025. La similitud de esas tasas puede ocultar que los mecanismos fueron distintos. Entre 2023 y 2024, la superficie sembrada creció 37.8%, casi en la misma proporción que el volumen, mientras el rendimiento nacional descendió de 0.95 a 0.73 toneladas por hectárea. En cambio, entre 2024 y 2025 la superficie sembrada apenas aumentó 2.8%, pero la cosechada avanzó 11.8% y el rendimiento se recuperó hasta 0.90 toneladas por hectárea. Es decir, 2025 fue un año de mayor aprovechamiento productivo de una superficie que ya se había expandido previamente.

    La comparación acumulada es todavía más reveladora. Entre 2023 y 2025 se agregaron alrededor de 644.5 mil toneladas de frijol, mientras la superficie sembrada creció en aproximadamente 454.8 mil hectáreas. La superficie cosechada, sin embargo, aumentó en 765.2 mil hectáreas debido a la drástica reducción de la superficie que no llegó a cosecha. El rendimiento de 2025 todavía quedó 5.7% por debajo del registrado en 2023, por lo que el volumen récord nacional no puede atribuirse a una productividad promedio excepcional. Se explica por la combinación de mayor escala agrícola y, sobre todo, por una proporción mucho mayor de hectáreas efectivamente cosechadas.

    Distribución geográfica de la producción

    El mapa productivo se reconfiguró con rapidez. En 2023 Sinaloa ocupaba el primer lugar con 172.2 mil toneladas y 23.8% del volumen nacional, seguido por Zacatecas con 147.0 mil toneladas y 20.3%. Dos años después, Zacatecas produjo 500.7 mil toneladas, más de tres veces su volumen de 2023, y concentró 36.6% del país. Sinaloa también creció hasta 222.0 mil toneladas, pero su participación descendió a 16.2% debido al avance mucho más acelerado de las entidades del centro norte.

    Durango representa el ascenso más notable. Pasó de 18.2 mil toneladas en 2023, cuando aportaba apenas 2.5% del total, a 58.6 mil en 2024 y 157.8 mil en 2025, con lo que alcanzó 11.5% de participación y la tercera posición nacional. San Luis Potosí siguió una trayectoria similar, de 9.9 mil a 63.7 mil toneladas. Chihuahua duplicó su volumen entre 2023 y 2025, hasta 74.9 mil toneladas. En contraste, Nayarit, Chiapas y Veracruz mantuvieron producciones relativamente estables, pero perdieron participación frente al crecimiento nacional. Puebla redujo su producción de 36.7 mil a 34.0 mil toneladas. El resultado es una estructura más concentrada: los diez principales estados aportaron 93.0% del frijol en 2025, frente a 89.0% en 2023.

    Comportamiento de los ciclos agrícolas

    El crecimiento reciente está claramente asociado al ciclo primavera-verano. En 2023 este ciclo produjo 397.9 mil toneladas, 55.0% del total nacional. En 2025 llegó a 993.5 mil toneladas y elevó su participación a 72.6%. En dos años su producción aumentó casi 150%. El otoño-invierno también creció, pero de manera mucho más moderada: pasó de 325.7 mil a 374.6 mil toneladas, un aumento cercano a 15%.

    La diferencia entre ambos ciclos también se observa en productividad. Otoño-invierno sostuvo rendimientos nacionales elevados y bastante estables, entre 1.32 y 1.36 toneladas por hectárea. Primavera-verano operó en niveles considerablemente menores: 0.77 toneladas por hectárea en 2023, 0.60 en 2024 y 0.79 en 2025. Aun así, es este último ciclo el que explica la mayor parte de la expansión nacional por su enorme escala. Zacatecas y Durango concentran toda su producción de 2025 en primavera-verano, mientras Sinaloa y Nayarit dependen fundamentalmente de otoño-invierno. Esto configura dos modelos productivos distintos: uno de gran superficie y menor rendimiento unitario en el centro norte, y otro de menor superficie pero productividad claramente superior en las zonas líderes de otoño-invierno.

    Diferencias entre riego y temporal

    La brecha productiva entre riego y temporal es uno de los hallazgos más consistentes del periodo. En 2025 el frijol de riego alcanzó un rendimiento promedio de 1.84 toneladas por hectárea, frente a 0.75 toneladas en temporal. Esto significa que una hectárea cosechada bajo riego produjo, en promedio, cerca de dos veces y media lo obtenido en temporal. La diferencia se mantuvo durante los tres años: el riego osciló entre 1.82 y 1.84 toneladas por hectárea, mientras el temporal pasó de 0.66 en 2023 a 0.56 en 2024 y se recuperó a 0.75 en 2025.

    Sin embargo, el crecimiento nacional provino principalmente del temporal. Su producción pasó de 378.5 mil toneladas en 2023 a 983.4 mil en 2025, un aumento cercano a 160%, y llegó a representar 71.9% del volumen nacional. En cambio, el riego creció de 345.1 mil a 384.7 mil toneladas. En 2025 solo 13.7% de la superficie cosechada fue de riego, pero generó 28.1% de la producción. Sinaloa ilustra el potencial productivo de esta modalidad: casi toda su cosecha provino de riego y su rendimiento estatal se mantuvo alrededor de 1.97 toneladas por hectárea durante los tres años. La oportunidad productiva más evidente está en cerrar parte de la brecha de rendimiento de las grandes extensiones de temporal sin perder la escala que hoy impulsa el crecimiento.

    Superficie sembrada y superficie cosechada

    La relación entre superficie sembrada y cosechada explica buena parte de la volatilidad observada. En 2023 se sembraron 1.091 millones de hectáreas, pero solo se cosecharon 761.3 mil. La diferencia de 329.8 mil hectáreas fue excepcionalmente amplia. En 2024 la brecha bajó a 137.9 mil hectáreas y en 2025 prácticamente desapareció, con 1.546 millones de hectáreas sembradas y 1.527 millones cosechadas.

    Los estados que más ganaron producción también muestran mejoras importantes en esta relación. Zacatecas sembró casi 315 mil hectáreas en 2023, pero cosechó 175.1 mil; dos años después sembró 635.7 mil y cosechó 633.7 mil. Durango pasó de perder la posibilidad de cosechar alrededor de 110.5 mil hectáreas en 2023 a una diferencia de apenas 115 hectáreas en 2025. San Luis Potosí también redujo de forma importante su brecha, aunque en 2025 todavía dejó sin cosechar 8.6 mil hectáreas. El cambio nacional, por tanto, no consiste únicamente en una expansión territorial del cultivo. La transformación decisiva está en que una proporción mucho mayor de la superficie sembrada terminó incorporándose efectivamente a la oferta.

    Rendimiento y productividad por hectárea

    El promedio nacional de rendimiento tuvo un comportamiento irregular. Descendió de 0.95 toneladas por hectárea en 2023 a 0.73 en 2024 y se recuperó a 0.90 en 2025. La mejora del último año fue de 22.8%, aunque el nivel todavía quedó por debajo de 2023. Esta evolución confirma que el récord productivo de 2025 combina recuperación de rendimiento con un fuerte aumento de superficie cosechada, en lugar de descansar exclusivamente en una mayor productividad por hectárea.

    Las diferencias regionales son amplias. Sinaloa mantuvo alrededor de 1.97 toneladas por hectárea en los tres años y se consolidó como el gran referente de productividad entre los productores de gran escala. En 2025 Guanajuato alcanzó 1.27 toneladas por hectárea, Chihuahua 1.11 y Nayarit 1.08. Zacatecas, pese a ser el líder absoluto en volumen, obtuvo 0.79 toneladas por hectárea, mientras Durango registró 0.77 y San Luis Potosí 0.57. Esto muestra que el liderazgo nacional se construye con estrategias productivas diferentes. Zacatecas y Durango dominan por escala; Sinaloa combina una superficie mucho menor con rendimientos superiores. Para negocios vinculados con productividad agrícola, las regiones de gran superficie y rendimiento relativamente bajo concentran el mayor espacio cuantitativo para capturar mejoras por hectárea.

    Precios y valor de la producción

    El valor nacional de la producción creció de 13.97 mil millones de pesos en 2023 a 19.43 mil millones en 2024 y 23.55 mil millones en 2025. En el conjunto del periodo el incremento fue de 68.6%, importante pero menor que el crecimiento de 89.1% observado en el volumen. La razón está en el comportamiento del precio promedio ponderado. Este pasó de 19,304 pesos por tonelada en 2023 a 19,503 en 2024, pero descendió a 17,213 pesos en 2025, una caída de 11.7% respecto al año anterior.

    La presión es particularmente visible en los estados que más expandieron oferta. Zacatecas aumentó su producción 46.2% entre 2024 y 2025, pero su precio promedio cayó de 18,704 a 14,127 pesos por tonelada; por ello, el valor generado solo creció 10.4%. Durango elevó su volumen 169.4%, pero su precio descendió de 26,912 a 17,152 pesos. Sinaloa presentó un comportamiento más equilibrado: su producción creció 28.9% y su precio promedio se mantuvo por encima de 22,500 pesos por tonelada. En 2025 Sinaloa y Nayarit registraron los precios promedio más altos entre los grandes productores. La dispersión territorial de precios abre espacio para estrategias comerciales que prioricen no solo volumen, sino también el valor capturado por tonelada.

    La capital nacional del frijol

    A escala municipal, Sombrerete, Zacatecas, emerge como la capital productiva del frijol durante el cierre del periodo. En 2023 produjo 39.1 mil toneladas y ocupó el tercer lugar nacional, detrás de Guasave y Ahome. En 2024 saltó a 93.2 mil toneladas y tomó la primera posición. En 2025 amplió su liderazgo hasta 101.0 mil toneladas, equivalentes a 7.4% de toda la producción nacional y a poco más de una quinta parte del volumen de Zacatecas.

    El liderazgo municipal de Zacatecas no depende únicamente de Sombrerete. Fresnillo ocupó el segundo lugar nacional en 2025 con 82.8 mil toneladas; Río Grande alcanzó 47.7 mil, Miguel Auza 34.9 mil y Villa de Cos 29.8 mil. Sinaloa mantiene un bloque municipal igualmente relevante, encabezado por Ahome con 68.7 mil toneladas y Guasave con 56.0 mil. La diferencia es que los municipios sinaloenses operan con rendimientos cercanos o superiores a dos toneladas por hectárea, mientras los principales municipios zacatecanos se apoyan en superficies mucho más amplias. Sombrerete resume el cambio de liderazgo nacional: más que duplicó su producción frente a 2023 y se convirtió en el principal nodo municipal del crecimiento del frijol mexicano.

    Tendencias y desafíos del sector

    El periodo 2023-2025 deja un sector mucho más grande, más concentrado y con un centro de gravedad desplazado hacia Zacatecas, Durango y otras entidades de primavera-verano. La primera tendencia es la expansión del temporal, que hoy genera casi tres cuartas partes del frijol nacional. La segunda es el fortalecimiento de la concentración: Zacatecas, Sinaloa y Durango aportan casi dos terceras partes del volumen. La tercera es la recuperación de la superficie cosechada, probablemente el indicador operativo que más cambió en el periodo. La cuarta es la coexistencia de dos ventajas competitivas distintas: escala territorial en el centro norte y alta productividad por hectárea en estados como Sinaloa.

    Los desafíos se desprenden de esas mismas tendencias. La producción de temporal todavía mantiene rendimientos muy inferiores a los de riego, por lo que cualquier mejora marginal aplicada sobre más de 1.3 millones de hectáreas cosechadas puede tener un efecto significativo sobre la oferta. Al mismo tiempo, el crecimiento acelerado del volumen no garantiza una expansión equivalente del ingreso, como demuestra la caída del precio promedio en 2025. Para los actores de la cadena, las oportunidades se concentran en tres frentes: elevar productividad en zonas extensivas de temporal, sostener la eficiencia de las regiones de riego y capturar mayor valor por tonelada en un mercado donde los precios estatales presentan diferencias considerables. El frijol mexicano cerró 2025 con una capacidad productiva sustancialmente mayor que dos años antes, pero el siguiente salto competitivo dependerá menos de sembrar más y más de producir con eficiencia y defender el valor económico de ese volumen.

    Fuente de la información

    Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025